miércoles, 11 de febrero de 2009

EL HOMBRE TIENE EN SUS MANOS LA SOLUCION A LA POBREZA


Al Estado hay que repensarlo en términos de hacerlo mucho más democrático y de profundizar la democracia social". Bajo ésa y otras consignas que propugnan que para el 2015 "se cierren significativamente las brechas de pobreza en América Latina", se realizó en Cartagena de Indias, Colombia, el Seminario Taller sobre Políticas en Gestión Social para Periodistas, organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano -que preside el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez- y el Instituto Interamericano para el Desarrollo Social (Indes) -organismo del Banco Intermaericano de Desarrollo-. En el encuentro, la venezolana Isabel Licha, docente del Indes, ingeniera industrial y doctora en Sociedad y Desarrollo, destacó la urgencia en que los ciudadanos recuperen el protagonismo en la construcción social.¿Qué pasa con las democracias de América latina que no pueden resolver la extrema pobreza?Las democracias están en deuda porque no han hecho todo lo que está a su alcance para cerrar la brecha social. Ellas mismas están muy limitadas por una perspectiva muy instrumental, electoral, de una política que ha quedado como espacio privado de ciertos actores y nada más. ¿Es casual que en todo el continente se repita la inequidad, la pobreza extrema, las crisis dirigenciales?América latina tiene heterogeneidades pero también tiene como un denominador común que es la desigualdad enorme que cada una de las sociedades registra. Esa desigualdad, que ha sido histórica, hoy se ha agravado de una manera alarmante y parecida en todos los países. Y no es casual, ha sido una perspectiva particular del desarrollo la que se ha impuesto como una tasa igual de medida en todos los países y ha deteriorado la situación a niveles que hoy son francamente insostenibles.¿Qué futuro tiene un continente que ha llegado a niveles tan altos de desigualdad y pobreza?Se hace el camino demasiado desafiante, demasiado difícil y duro, pero hay compromisos de los países, presionados por el sistema de Naciones Unidas, de alcanzar en el 2015 cierres significativos de las brechas de pobreza y de ciertos indicadores sociales relacionados con salud y educación con equidad de género. Esas presiones internacionales, que se llaman Objetivos del Milenio, quizás obliguen a acciones sistemáticas y comprometidas de los gobiernos. Pero con eso no habremos resuelto todo.En el Seminario hablábamos de las necesidades de reformas del Estado. Ya los reformaron en las décadas del '80 y '90...Hablamos de otra generación de reformas y las próximas tienen que ver con profundizar las democracias. Al Estado hay que repensarlo en términos de hacerlo mucho más democrático y de profundizar la democracia social. La democracia se ha extendido en un sentido demasiado restringido. Es política pero no es una democracia económica y social. Ahora las reformas tienen que establecer mecanismos de institución pública mucho más democráticos y condiciones para que la ciudadanía se movilice y se convierta en un actor político.¿Esa movilización se promueve de abajo hacia arriba?, ¿de arriba hacia abajo?Viene en las dos direcciones. El Estado tiene que comprometerse a abrir espacios y la ciudadanía tiene que exigirlos, ocuparlos y darle un nuevo sentido y significado a esos espacios para que se puedan dar los procesos. Nada hacemos si la ciudadanía se moviliza y el Estado no responde a esas demandas. Pero tampoco nada hacemos si el Estado crea los espacios y la ciudadanía no se interesa ni se moviliza. Cuando se habla de gestiones en políticas sociales pocas veces se plantea al periodismo como un protagonista en esas gestiones...Para el Indes el periodista es un actor clave de la política social. Pero no de cualquier política social, sino de la que es capaz de ser un instrumento de control sobre las sociedades inequitativas. Sin la alianza con los periodistas esto se hace débil y tenue. El periodismo debe y tiene que cumplir la misión de hacer comprender a la sociedad los procesos fundamentales y de ser instrumento de expresión de las voces de la comunidad, pero también de las decisiones más significativas que los estados estén desarrollando con mayor impacto para el cambio societal que esperamos.Uno de los cuestionamientos es que los organismos multilaterales de crédito nunca estuvieron precisamente comprometidos en evitar la pobreza.El Bid está en este momento sumamente comprometido con el desarrollo social. Se piensa que si no corregimos desigualdades no es posible que se sostenga ningún desarrollo y que esa propia desigualdad está conspirando contra la posibilidad de un crecimiento sostenido de la economía. En ese sentido el Bid está analizando, proponiendo e impulsando líneas de políticas que apunten en esa dirección. Es todavía un desafió. Es un planteamiento que tiene que ser implementado y eso está por hacerse. El FMI hace poco tiempo admitió que con la Argentina "se equivocó" en sus "recetas". ¿Latinoamérica debe seguir sometiéndose a los dictados de estos organismos, deben advertirlos de la necesidad de que nos comprendan o deben prescindir de ellos?Los países tienen que hacerse fuertes en sus capacidades para hacer la negociación con las agencias multilaterales, y con el Fondo más concretamente.Hay una visión muy ortodoxa del Fondo que tiene que ser flexibilizada, pero hay una visión de los países demasiado complaciente o demasiado subordinada a los dictados del Fondo. Es cierto que hay ciertas reglas que hay que cumplir de disciplina fiscal y de control de las variables macroeconómicas, pero no de una manera tan inflexible o no únicamente bajo los parámetros del Fondo. Eso tiene que ser discutible, pero sobre todo tiene ser evaluado por sus impactos sociales. Es decir, si se explicitara en las mesas de negociación las implicaciones sociales de las medidas que se adopten y se hacen explícitos los problemas que surgen como consecuencias de esas decisiones se podrían hacer arreglos muchísimos más soportables y sostenibles en términos sociales.¿Esto implica también la necesidad de repensar la globalización?Claro que sí. La globalización no puede ser la globalización de los intereses hegemónicos que hoy la están comandando. Tiene que ser una globalización democratizada. Nos tenemos que sentar a la mesa todas las fuerzas vivas de la sociedad, no solamente las corporaciones y el capital financiero o el capital comercial. Se tienen que sentar también los actores fundamentales de la sociedad. Hay que virar la globalización hacia la recuperación de las identidades nacionales.¿Cómo se transmite optimismo a sociedades que padecen en carne propia tanta miseria?Lo que estamos promoviendo es una organización y una movilización capaz de incidir en las decisiones finales que se toman y que afectan la vida de la gente. La política social como la entendemos se construye entre los múltiples afectados e interesados, y esta perspectiva es esperanzadora en el sentido de que podríamos de esta forma generar condiciones para que la gente se decida a hacer propios los procesos de desarrollo y toma de decisiones correspondientes.

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